La montaña es el medio donde desarrollamos nuestras actividades: es la fuente de nuestras satisfacciones.
Sin embargo, no podemos ignorar que el montañismo, debido al ambiente donde se desarrolla, presenta una serie de riesgos que debemos conocer para al menos prevenirlos y atenuarlos.

Los peligros que la montaña encierra pueden ser de dos tipos:

Peligros objetivos:
Son los de origen natural, que nada tienen que ver con el comportamiento del montañero/a:
- Clima: Precipitación, temperaturas, cambios de tiempo imprevistos: Tormentas, rayos, fuerte viento, niebla, ...
- Altitud.
- Presión atmosférica.
- Presión de oxígeno.
- Nieve- Avalancha - Serac- desprendimiento de piedras- Aludes- Cornisas- Grietas en glaciares …
- Humedad.
- Radiación.
- Erosión.
- Río: aumento del canal repentino en barrancos, cañones, etc…
- Terreno.


Peligros subjetivos:
Son los que derivan del propio comportamiento del hombre/mujer:
La infravaloración, inconsciencia, y desconocimiento de los propios peligros, ambiente, circunstancias y seguridad.

o Nivel técnico deficiente.
o No poseer preparación física adecuada.
o Salud incompatible.
o Bajo rendimiento.
o Desconocimiento.
o Inseguridad.
o No utilizar equipo adecuado.
o Actos temerarios.
o Faltar a procedimientos.
o Alimentación e hidratación incorrecta.
o No descansar.
o No usar medios de protección.
o No acatar instrucciones y órdenes.
o No informar del peligro.
o No controlar ni evaluar riesgo.
o Desconocimiento primeros auxilios y de rescate en montaña.
o Falta de comunicación.
o Vestuario deficiente.
o Ocultar información.
o No renunciar a tiempo al objetivo.
Una consecuencia bastante frecuente en la alta montaña son las congelaciones. También podemos hablar de golpes de calor o insolaciones, mal de altura, hipotermia,...


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